Los niños y la importancia de las tareas manuales


En el pasado, hacer tareas en el hogar como lavar platos o barrer, era una parte integral de la vida del niño. Pero en las últimas décadas esto ha cambiado.


niño limpiando

En la actualidad, gracias a los avances tecnológicos y también a la tendencia de criar a nuestros hijos de una manera más liberal y menos dirigida, es cada vez más difícil ver niños haciendo algún trabajo doméstico. ¿Es esto una buena tendencia o algo que deberíamos desalentar?


Un poco de historia

Hasta casi mediados del siglo XX, los niños eran percibidos por sus padres como una fuerza más de trabajo. Su labor era significativa tanto para la familia como para la economía del hogar. El éxito de un niño en la vida, en gran medida, estaba determinado por lo bien que entendían el comercio, la ganadería o cualquier otro emprendimiento familiar, ninguno de los cuales había sido aprendido en la escuela. La escuela era comúnmente percibida como algo "extra", no crucial en la vida, el decir, el conocimiento "vital" era el transferido por los padres y otros miembros de la familia a los niños.

Pero en los últimos 60 años, aproximadamente, las familias fueron liberando (al menos en las sociedades más desarrolladas) a los más jóvenes del trabajo en casa, para de esa forma darles más oportunidades de estudio y diversión.

Al mismo tiempo, la educación superior también se fue generalizando. El éxito en los estudios creció de forma importante y, gradualmente, los resultados escolares se fueron convirtiendo en una parte fundamental del desarrollo.
De esa forma, el trabajo manual prácticamente desapareció de la vida de muchos niños. Por un lado, se puede percibir esto como un signo de un mejor nivel de vida, pero por otro lado nos podemos hacer una interesante pregunta: ¿Es bueno que los niños de hoy apenas conozcan algún trabajo manual?


Niñez y autoestima

Para ser feliz, cada niño debe sentir que pertenece a algún lugar: familia, ciudad, sociedad, etc. También necesita saber que es útil y necesario para las personas que le rodean. La experiencia dice que, si bien el éxito académico es importante para su autoestima, un niño no necesita ser el mejor de su clase, pero sí necesita sentir que es bueno en algo.

Ahora, a menos que se tenga algún talento específico (artístico, deportivo, etc.), la mayoría de las actividades donde los niños pueden experimentar éxito o fracaso tienen lugar en la escuela.
Aunque cada vez se hace más hincapié en que las evaluaciones escolares no evoquen sentimientos de fracaso constante, esto es justamente lo que perciben los niños con aptitudes académicas por debajo del promedio. Antes, en particular estos niños, fundaban su autoestima a partir de sus habilidades manuales y ayudando a su familia. Muchas veces, estas habilidades también constituyeron la piedra fundamental de su futura profesión. En cambio, en los tiempos que corren se carece de esta coyuntura, incluso habiendo oportunidades para ciertas habilidades manuales, hay escasez de manos expertas.

Que los niños realicen una cantidad razonable y segura de tareas manuales de ayuda en el hogar debe seguir siendo una parte integral de la crianza. Su beneficio radica no sólo en el desarrollo de buenos hábitos de trabajo, sino también en la adquisición de experiencia y destrezas en diversas actividades que ayudarán al desarrollo de una personalidad equilibrada y de sus habilidades motoras y sociales. Además, para los niños menos aptos académicamente, es una oportunidad para hacer algo en lo que pueden ser muy buenos, eso ayudará a apuntalar su autoestima.

Los niños de antaño sabían que quizás no podían resolver una ecuación matemática o hacer un impecable dictado, pero también sabían que podían pintar hábilmente una valla, plantar un árbol o ayudar a su familia en la preparación de la comida, lo que les daba otra perspectiva social y profesional, más allá del éxito en la escuela.



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