No todo es entrenar: ¿Qué hace a un deportista mejor que otro?


La importancia de la práctica o entrenamiento para obtener un rendimiento de primer nivel en el deporte u otros ámbitos, como la música o el ajedrez, tuvo como punto de inflexión un estudio presentado por el psicólogo Anders Ericsson, en el cual se afirmaba que para alcanzar la excelencia se necesitaban, al menos, 10 mil horas de práctica.


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Posteriormente, quizás por el nivel de controversia de tal conclusión, Ericsson adujo que su investigación fue distorsionada, asegurando que él nunca afirmó que, con una práctica suficiente, cualquier persona podría alcanzar un rendimiento de élite. Según aclaró, lo que quiso decir fue que "entre los competidores de élite, aquellos que pasan más tiempo perfeccionando sus habilidades, son los que generalmente obtendrán los más altos niveles".

Pero para contrariarlo nuevamente, un nuevo meta-análisis publicado recientemente en la revista "Perspectives on Psychological Science" muestra que las diferencias en la cantidad de práctica no explican los niveles de rendimiento entre los atletas de élite.
Y en los niveles sub-élite, si bien es un factor relevante, de ninguna manera es el más importante.


La investigación

En este último estudio, la investigadora Brooke Macnamara y un grupo de colegas de la Universidad de Princeton, rastrearon investigaciones y literatura disponible hasta 2014 encontrando resultados relevantes procedentes de 34 estudios, algunos publicados y otros no, sobre la incidencia de la práctica y los niveles de rendimiento de 2765 atletas de varios deportes como el fútbol, voleibol, natación y atletismo.

Lo que encontraron fue que, en un nivel de élite, la cantidad de entrenamiento no se relacionó con un mejor rendimiento, es más, en términos estadísticos representa menos del 1% de la variación de la productividad total. En vez de tiempo de práctica, los factores que más hicieron la diferencia fueron los fisiológicos (influenciados por la composición genética), así como cuestiones psicológicas complejas, como la personalidad y la confianza. Además de la experiencia en la competencia.

En los niveles sub-élite, los rangos de práctica eran un poco más relevantes para el rendimiento: un 19% de la variación del rendimiento deportivo. Por tanto, un factor significativo, pero de ninguna manera el único ni el más importante.
Otro hallazgo del estudio fue que, en el caso de los deportistas más habilidosos, tendían a no comenzar la práctica deportiva en las edades más tempranas. Esto desafía la noción de que los artistas y deportistas más talentosos tienden a comenzar a edades más prematuras.

Los investigadores aseguraron que la práctica es un factor que contribuye a generar diferencias de rendimiento en una amplia gama de habilidades, pero de ninguna manera puede contribuir en las diferencias de rendimiento en los más altos niveles de competencia. En los grados más altos de competitividad, ya sea deportiva, musical, etc. se deben tener en cuenta otros factores, por ejemplo, capacidad cognitiva, personalidad y genética, éstos son los elementos que sí hacen la diferencia.


Referencia:
http://pps.sagepub.com/content/11/3/333



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