Cultura y causalidad: ¿por qué los malos hacen cosas malas?


Es cierto que nadie tiene una respuesta exacta a esta pregunta, ya que cada persona y circunstancia son únicas. Sin embargo, la mayoría de nosotros tiene sus teorías predilectas acerca de por qué las personas cometen hechos delictivos.


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Anders Breivik, el noruego que en julio de 2011 asesinó en la isla de Utoya a 77 personas, tiene que ser un desequilibrado mental, ¿verdad? Bernard Madoff, el autor del mayor fraude financiero de la historia, todos creemos que debe ser una persona profundamente codiciosa.
Sin embargo, nuestras teorías preferidas para acusar a alguien por un hecho delictivo dependen, en parte, del lugar donde nacimos.

Hace algunos años, Michael Peng, un psicólogo americano de ascendencia china, notó de que forma los medios estadounidenses y los medios chinos utilizaron lenguajes bastante diferentes para informar de dos casos violentos muy similares. Un empleado de una empresa en Estados Unidos fue despedido, una hora más tarde volvió a la compañía armado, mató de un disparo a su jefe, a varios de sus compañeros y luego se suicidó. Un estudiante chino fue reprobado en un examen, minutos más tarde volvió al instituto con un cuchillo, mató a su profesor y apuñaló a varios de sus compañeros, para posteriormente suicidarse.

Cuando los medios estadounidenses escribieron sobre el tiroteo, lo hicieron centrándose en que el asesino sería seguramente un individuo mentalmente perturbado. La prensa china sin embargo, se centró en el grado de aislamiento y las tensas relaciones que sufría el estudiante, ya que no se llevaba bien con algunas de sus víctimas.

Estas observaciones llevaron a Peng a realizar una serie de experimentos que demuestran que los occidentales y asiáticos, a menudo piensan de manera diferente acerca de la causalidad de determinados hechos.
Por ejemplo, los occidentales tienden a explicar los comportamientos en términos de presuntos rasgos de personalidad y demás cualidades internas del individuo. Los asiáticos, en cambio, tienden a explicar los comportamientos en términos de factores situacionales que son externos a la persona.


Algo así como si planteásemos la pregunta: ¿Por qué has ayudado a Juan? Un occidental respondería "debido a que Juan es una buena persona". En cambio un asiático podría responder "he ayudado a Juan porque estaba oscuro y no había nadie más para ayudarle".

Investigaciones posteriores revelaron un hallazgo aún más sorprendente: que las diferencias entre los occidentales y asiáticos llegan a la percepción de la causalidad también en la física. Por ejemplo, en un estudio se les solicitó a estudiantes ingleses y chinos observar los movimientos de una pequeña pelota que estaba dentro de un recipiente con líquido, posteriormente debían explicar los movimientos del balón. Los ingleses fueron más propensos a indicar que los movimientos de la esfera fueron causados por atributos propios del objeto (forma, densidad, material, etc.) En cambio, los chinos fueron más propensos a explicar dichos movimientos como resultado de factores externos a la pelota y más vinculados con el líquido, su viscosidad, movimiento, etc.

Un tiempo antes, el antropólogo John Miller había realizado una investigación de cómo las personas aprenden a explicar el comportamiento humano de una manera que es común a su cultura. Miller seleccionó, por un lado a un grupo de niños y adolescentes que recientemente habían llegado de la India a vivir a Estados Unidos. Por otro lado, un grupo de niños americanos hijos de padres también estadounidenses. A ambos grupos se les solicitó que explicasen por qué la gente a veces hace cosas malas y a veces hace cosas buenas.
Los niños más pequeños de ambos grupos dieron explicaciones muy similares, independientemente de su formación cultural. Los adolescentes, sin embargo, mostraron el mismo patrón que por lo general se observa en los adultos: los hindúes describieron los comportamientos en forma contextual y los estadounidenses en base a cualidades propias de los individuos.

Esto nos indica que, a veces, la explicación está en el ojo de quien mira, y no es raro que veamos lo que nuestra cultura nos ha enseñado a ver.



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