La biología del fracaso


Fuera de algunos deportes, donde se les enseña a los atletas a minimizar el dolor de una derrota, tenemos poca instrucción sobre cómo absorber el fracaso. Por lo general, a los niños se les enseña lo que deben hacer para tener éxito, pero asimilar retrocesos es un factor crítico para cualquier tipo de éxito significativo posterior.


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Hasta cierto punto, hacer frente a los fracasos es parte de nuestra biología. Cuando un animal es derrotado en una contienda por comida o territorio, retrocede y evita un contacto aún más perjudicial.

Este cambio psicológico se debe, en parte, a una disminución en la producción de testosterona para el perdedor (mientras que la testosterona aumenta en el ganador, haciéndolo más confiado y beligerante). Un cambio similar se produce en los seres humanos en respuesta a ganar o perder. En estudios realizados con jugadores de tenis se encontraron los mismos patrones en los cambios de testosterona, tanto para ganadores como perdedores y en ambos sexos.

Una apreciación de tales cambios psicológicos en otras especies como consecuencia de ganar y perder, nos ayuda a entender por qué un patrón de fracasos repetidos amenaza el bienestar de la salud de una persona.


El peaje psicológico de sentirse derrotado

La mayoría de los problemas psicológicos son causados (o agravados) por eventos estresantes, no hay gran misterio sobre este fenómeno. Por ejemplo, podemos ver lo que ocurrió con prisioneros en guerras como las de Vietnam o Corea, donde muchos fueron sometidos a un gran abuso psicológico: una especie de lavado de cerebro en el que se inducía al individuo a criticar a su propio país con fines de propaganda. Posteriormente, las víctimas permanecían en sus camas incapaces de hacer esfuerzos, muchos de ellos morían en los días posteriores sin causas fisiológicas evidentes.

Los investigadores descubrieron posteriormente que los animales expuestos a choques eléctricos impredecibles e incontrolables desarrollaron una condición similar a la depresión clínica, conocida como indefensión aprendida. El impacto de los resultados repetidos y desagradables sobre los cuales el animal no tenía ningún control le enseñó que estaba desamparado en dicha situación. Esencialmente renunciaban a la posibilidad de que cualquier cosa que hicieran podría aliviarles el sufrimiento.

Experiencias muy traumáticas, tales como ser asaltado violentamente, pueden crear un temor paralizante a salir de casa. La mayoría de las personas superan esos temores mientras aprenden que pueden salir de nuevo sin ser atacados. Para algunos, sin embargo, ese miedo no se desvanece.

Del mismo modo, problemas cotidianos como la dificultad para pagar cuentas o problemas de salud recurrentes pueden fomentar ansiedad y una incapacidad de sentirse esperanzado de cara al futuro. Por esta razón, las personas que crecen en la pobreza, con una corriente de experiencias desagradables e incontrolables pueden sufrir más ansiedad, depresión o esquizofrenia, las cuales se ven agravados por eventos negativos.

Pero, por supuesto, no todo el mundo sucumbe y los psicólogos han estudiado a los individuos resistentes para obtener pistas sobre lo que marca la diferencia.


Rebotar después de fracasar

Por lo menos existen dos rasgos que ayudan a las personas a recuperarse de una caída, el primero es el optimismo temperamental (esa característica que poseen algunas personas de nunca verse derrotadas), la otra es la sociabilidad. Por ejemplo, los niños de contextos desfavorecidos que son más propensos a participar en actividades comunitarias, tienden a ser más resistentes.

Pero no todo el mundo tiene el temperamento o las experiencias formativas positivas que lo hacen relativamente impermeables a los golpes de la vida. Sin embargo, hay mucho que uno puede hacer para disminuir la adversidad. La mayoría de estas técnicas de sentido común son bien conocidas y, en realidad, preceden a la psicología científica:

  • Vive en el presente y disfruta de lo que está disponible ahora, ya sea una comida o la lluvia golpeando en una ventana. Si nuestro enfoque estuviera solamente en el presente, nadie sufriría del temor de una condena inminente, que es la esencia de la ansiedad clínica.
  • Nada fortalece nuestra resistencia a los problemas como una buena noche de sueño. Dormir es el eliminador de problemas más efectivo, ya que durante esas horas, el cerebro hace una relegación selectiva de recuerdos.
  • Ayudar a otros. Cuando lo hacemos, el enfoque de atención se desplaza de nosotros (y los problemas actuales) a las necesidades de los demás.
  • Ejercicios de respiración y otras técnicas de relajación ralentizan la respiración corporal y reducen al mínimo la ansiedad y la angustia. Por supuesto, tales enfoques no resuelven problemas prácticos estresantes, sino que simplemente controlan las reacciones corporales a ellos. Dominar un método de relajación es una manera de estar preparado para enfrentar la adversidad.
  • Mejorar la condición física mediante ejercicio moderado aumenta la robustez psicológica. El ejercicio eleva el estado de ánimo, aquellos que están físicamente en forma tienen una ventaja adicional para hacer frente a una frustración.

Al igual que los pugilistas expertos, no podemos detener los golpes que vienen, pero podemos desplegar muchas técnicas eficaces para minimizarlos.


Referencia:
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16483890



¿De qué manera compartes tus buenas noticias?


Cuando recibes una buena noticia ¿a quién se la cuentas? ¿Llamas por teléfono a tus mejores amigos? ¿La comentas a través de las redes sociales? ¿Te felicitas delante de alguien que sabes que no disfruta de la misma suerte? ¿O te la guardas para ti?


niño

Según una investigación publicada en la revista "Journal of Differences" las respuestas a estas preguntas pueden decir algunas cosas acerca de ti.


El estudio

La investigadora de la Universidad de Houston, Cara Palmer y un grupo de colegas reclutaron a más de 250 estudiantes universitarios para analizar esto. Como primer paso, se realizó un cuestionario de personalidad a los voluntarios. A continuación se les pidió que recordaran como habían actuado durante los últimos eventos positivos, por ejemplo, la obtención de una buena nota en la universidad o haber sido invitados a una fiesta, y la manera en que habían compartido con otras personas dicha novedad.


A grandes rasgos, se encontraron tres grupos: las personas que divulgaban la noticia a un número muy reducido de gente (1 a 3 personas, no más), aquellos que compartían la novedad con amigos y familiares, y aquellos que compartieron la noticia con todo el mundo mediante distintas vías (teléfono, redes sociales, etc.).

Las mujeres de la muestra (más a menudo que los hombres) dijeron que probablemente harían alguna de las primeras dos opciones. Un rasgo de personalidad agradable y tener más empatía también se asociaron con la divulgación de buenas noticias.

Otra manera de difundir que los investigadores analizaron fue si los participantes se vanagloriaban sobre el evento o alardearon delante de alguien susceptible a ser envidioso. El alardear se considera normalmente un comportamiento masculino, sin embargo, las tasas generales de jactancia fueron bastante similares entre ambos géneros.

A pesar de ello, el equipo de Palmer profundizó el análisis para hallar diferentes clases dentro de este mismo grupo y se encontró que algunos hombres mostraban una propensión a ser catalogados como presuntuosos o fanfarrones, cuyas formas de divulgación de noticias eran poco comunes, casi el 30% de los hombres entraba en esta categoría frente a sólo el 5% de las mujeres.


Independientemente del sexo, los fanfarrones tendían a ser menos agradables y conscientes: esto es coherente con la idea de que para presumir se tiene que ser insensible a las reacciones de otros y no tener cuidado suficiente para restringir sus decisiones, y de esa forma evitar conflictos en el futuro.

El último tipo de difusión que los investigadores estudiaron fue el intercambio de eventos en las redes sociales. El equipo de Palmer esperaba encontrar efectos de género aquí, ya que las mujeres pasan más tiempo en sitios como Facebook que los hombres, pero en este conjunto de datos no había diferencias de género. En términos de personalidad, los investigadores encontraron que aquellos que compartieron más de este tipo de noticias en las redes sociales, puntuaron más alto en narcisismo en el cuestionario previo.

La extraversión desempeñó un pequeño papel en estos hallazgos: se correlacionó con la capitalización de la noticia. Esto es consistente con la experiencia de ser receptor de buenas noticias de un amigo extrovertido: los estudios muestran que dichas personas, muchas veces, comienzan a experimentar este tipo de noticias más positivamente.

La comunicación de buenas experiencias es, al menos en forma moderada, beneficioso para nuestra salud psicológica y bienestar. La jactancia, por el contrario, puede generar resentimiento y ostracismo. La próxima vez que quieras compartir algo muy positivo que te haya sucedido, piensa en lo que estás tratando de sacar de esto y si tu público realmente necesita saberlo.


Referencia:
http://psycnet.apa.org/journals/jid/37/4/250/